“Y de milagro llegué”: Entrevista con Juan Carlos del Cid, Segunda Parte

Juan Carlos

Juan Carlos del Cid llegó a los Estados Unidos de Guatemala en 1976, indocumentado. Ahora es ciudadano americano y lleva más tiempo viviendo aquí que allá. El lunes pasado, yo publiqué la primera parte de su historia, de cómo llegó a la ciudad de Los Ángeles. Aquí está la segunda parte de su historia, de su vida aquí en los Estados Unidos. La historia de Juan Carlos no es una historia de puro éxito, sino de lucha y cambio para una mejor vida. Todo el mundo tiene la capacidad de cambiar para bien, y todos merecen la oportunidad de hacerlo. Cuando los medios y los políticos propagan estereotipos y prejuicios sobre migrantes, yo comparto esta historia con el deseo de mostrar la realidad de la vida de una persona real que ha sido un inmigrante.

M: Me dijiste que fuiste a clases para aprender inglés, ¿no?

J: Sí. ¿Quieres la otra parte, de aquí? Bueno. Aquí vine, y a los tres días, donde llegué, mi hermana, vivíamos en una casa de dos pisos que estaba dividido en apartamentos. Y vivía pura gente de mi país, de Guatemala. De otras partes de Guatemala los conocí, y éramos muy amigos. Había un señor que vivía abajo, le decíamos el tío. Todos le decían. Porque él vivía con unos sobrinos. La mamá estaba casada con el hermano. Y le decían tío, todos le decíamos tío. Se llamaba Abraham. Me acuerdo del tío Abraham. Y es muy buena gente, dijo, “Si quieres yo le hablo al manager. Mi hermana era de Guatemala,” dijo. Y le digo, “Para qué?” Trabajó en Jack in the Box. Y, me llevó y me entrevistó. Tenía dos días de estar acá. Y me dio trabajo. Y me acuerdo que me dijo él, de que no parqueaba mi carro en el parking lot, porque era para los customers. Y yo, dije yo, “¡Si yo ni carro tengo!” le digo yo. “Sí, pero muy pronto vas a tener,” me dijo. “Vas a tener carro. Aquí en Estados Unidos, carro no es lujo, como en nuestro país. Es una necesidad.” Y agarré, bueno, ahí quedó, y comencé a trabajar graveyard. De 12 de la noche a ocho de la mañana trabajé yo, por un año.

Pero cuando comencé a trabajar, mi hermana, la que vivía acá, me exigía que yo fuera a la escuela. Y yo, cuando quise ir la primera vez a la escuela, venía del trabajo, y tenía que bajar. Yo trabajaba en Santa Mónica, pasaba todo Beverly Hills, la Olympic, antes de llegar a la Vermont me tenía que bajar y tenía que caminar un block para llegar a la casa. Y llego a la casa cuando pasa la minivan de la Immigration, estaba ahí. Y me daba miedo. En ese tiempo, cuando yo vine, la migración iba a los stops [paradas], y agarraba gente y se los llevaba.

M: ¿En paradas de buses?

J: En bus stops. En ese tiempo sí era… Ahora, ahora sí, estamos viviendo ahora bien. Porque hay muchos inmigrantes y la migra no molesta. Solo que hagas algo malo, ¿no? Antes no, antes uno venía y si te miraba tu apariencia, te preguntaba los papeles y si no tenías papeles, te llevaba. Andaban en los autobuses y dicen, “¿Tus papeles?” “No tengo.” Y ya llegaba el van. O sea, estaban escondidos y llevaban así, undercover, y te paraban y te llevaban. Yo tenía miedo que me iban a llevar, por eso no iba a la escuela. Porque tenía a la escuela se llama Evans, que está allí en la Sunset, por downtown. Porque esa escuela, en ese tiempo, decían que era buena escuela para aprender inglés. Y de día. Y no fui.

Pero comencé a aprender inglés, en el trabajo. Y nunca me dio vergüenza. Y trabajé un año en graveyard. Entonces, cambiaron de manager al año, y el manager me dijo que trabajara de día. Y comencé a trabajar de día. Yo era cocinero y fui uno de los mejores hamburger makers allí. Y entonces, yo quería ser manager. Pues tenía que aprender inglés. Mi inglés era completamente malísimo. Porque la gente me hablaba inglés en el trabajo, entonces ya no era cook. Ahora era en register. Y me decía yo, “¿Huh? ¿Huh?” Yo me quedé, “¿Huh?”

M: Entonces te pusieron en register sin que …

J: Mhm. Porque necesitaban gente. Yo sabía el producto pero, eh? Y entonces no eran registers como los de ahora, digital, eran mecánicos. No sé si las viste, pero te imaginas como eran. Eran registradoras así. Entonces, comencé a ir a Los Angeles High School.

M: ¡Ahí fue mi mamá también! LA High. Allá es dónde mi mamá fue a la high school.

J: Yo fui, pero yo fui de noche. A Los Ángeles. Pero, ya sabía un poco de inglés. Y cuando llegué, tomaron mi inglés, y me dijeron, tú estás para el third. Pero cuando yo llegué al tercero, todos estaban más adelantados que yo. Ya no fui. Me fui, ya no quise ir. Entonces dije yo, no, no. Y regresé y me inscribí otra vez como al año, pero me inscribí al primero. Al primer nivel. En primer nivel ya estaba como todos, y comencé a sobresalir, a sobresalir, a sobresalir. Pasé primero, segundo, tercer grado, y de ahí que me cambié. Estoy hablando como unos dos años, tres años. Porque a veces iba, a veces no iba, trabajo, cosas, la novia, tú sabes, y ya no iba. Pero una vez me propuse, “Tú vas a terminar esto.” Y como estaba trabajando ya como manager en un Jack in the Box que estaba, en Studio City, Laurel Canyon. Y entonces, dije yo, “Voy a ir a la escuela.” Y conocí una escuela que está aquí, en el centro de Los Ángeles en la Union, por la Wilshire, y comencé a ir. Y conocí a una profesora muy buena. Era de Ásia, Asian, y se llamaba Suzy Wang. Y me gustó tanto como enseñaba ella. Era tan especial para enseñar inglés, que comencé a agarrar el inglés muy rápido con ella. Ella me ayudó a sacar el cuarto, el quinto, hasta que me gradué. Entonces, tuve laboratorio, y cuando me gradué de laboratorio me mandó alguna vez al college. Yo tenía al college, Los Angeles City College, pero en ese tiempo conocí a la que fue mi esposa. She got pregnant [se embarazó], y a trabajar. Y sí, yo pude haber hecho mucho.

Pero ese inglés que aprendí, yo me hice assistant manager de Jack in the Box. Y me dieron una tienda en South Central. Y, entonces, me asaltaron four times in two weeks. Five times. [Cuatro veces en dos semanas. Cinco veces.]

M: En la tienda?

J: En la tienda. Y cada persona que llegaba, me temblaban las piernas.

Entonces, mi hermana conoció un señor que era de El Salvador, en ese tiempo, y yo le decía, “Sabes que, yo quiero trabajar en carros. Aunque sea de lavar carros. Porque yo no quiero trabajar allí. Aunque me paguen el mínimo.” Y el tipo que ganaba el mínimo, gastaba más. “No me importa. Yo quiero lavar carros, parquear carros,” you know, parking cars. “Me dice si llega una oportunidad,” le digo. Y exacto. Two weeks later, me dijo, “Hay una oportunidad. Venga. Pero venga conmigo a aprender, como la mecánica.” Trabajaba de noche, y en la mañanita me llevaba al dealer. Un Ford dealer. Y a las two weeks, me dieron el trabajo. Yo estaba so tired one day de que, me metí en un van que estaban reparando, no tenía engine, me quedé dormido. Y llegó el sobrino, que trabajaba ahí, y el tenía un amigo. El sobrino estuvo en la LA High School. Y él puso como porter, sabes que es un porter? El que maneja carros y lava carros en el dealer. Era su mejor amigo, estaba trabajando. Pero a mí me habían dado el trabajo, de lube man. Él que hace oil change. Y él le dijo, “Tío, tío, por qué le distes el trabajo si aquí está mi amigo?” Le dijo, “No te preocupes. Él es muy menso, él es muy malo. Two weeks. Not even one month, and he’s out of here, and then he’s gonna get the job.” [“Dos semanas. Ni un mes, y ya se va, y luego él va a agarrar el trabajo.”] It hurts my feelings. I hear everything. Lo oí todo. Y dije yo, “No. Uh-uh.” Y comencé a trabajar. Porque me pusieron en medio de un moreno, y un blanco. Y el moreno no me quería ayudar. Y el blanco me hice amigo de él. Y me decía, “Tú no sabes nada? No te preocupes. Yo te ayudo.” Me acuerdo. Hijo de italianos. Y me comenzó, “Esto se hace así.” Comencé a aprender, aprender a hacer, little by little by little [poco a poco]. Y ya. Y cuando el moreno comenzó a agarrar envidia, apenas me ayudó. Me ayudó después, me hice amigo de él. Y yo tenía mucha confianza con él y todo.

Entonces yo ganaba por commission, por hour. Pero yo me quedaba hasta las doce de la noche trabajando. Adelantaba trabajo por otro día, o sea que yo estaba ganando mucho más dinero. Yo empecé ganando $13.50 a la hora, en aquel tiempo era mucho dinero. Pero llegó un nuevo owner. El mismo owner, his wife took over the business, [su esposa agarró el negocio] y dijo, “Uh-uh, está ganando mucho. Le vamos a pagar conforme a lo que estén ganando.” Y entonces, mi promedio, estaba ganando yo like $17.70 an hour. Y cuando dieron el raise, estaba ganando más que un mecánico. A real mechanic. I go, wow. Todos tenían envidia, pero no, era la ley. Ah, pero, yo soy una persona de que, I never give up [nunca me doy por vencido].

Entonces, comenzaron a llegar los ricos. Y nadie quería hacer los ricos porque pagan too little [muy poco]. Ahí va por qué le doy gracias a Dios que fui a la escuela. Yo no sabía que era, que hacen los ricos, pero I read the instructions. And I go step by step by step. Boom. Done deal. [Leyo las instrucciones. Y voy paso a paso. Boom. Listo.] Los compuse, así al servicio. Y cuando ya next one, con los ojos cerrados. Y así, little by little. Y entonces, él que dijo que, el sobrino del señor que me puso, no quería hacer un trabajo de, to replace mufflers [reemplazar silenciadores]. Y yo agarré el trabajo de los mufflers. Y los Cadillac convertibles. Como era hard and it paid little [difícil y pagó poco], me lo dio a mí. Pero later on, el Ford, it changed [luego, el Ford cambió]. Porque todo era warranty. Cambió los precios. Y en lugar de lo que era, it raised it up [subió]. Pero a mí me dejaron ese, y yo era experto en hacer eso. Y pues vino los, los ricos de los Cadillac covertibles, y yo, I was making money [estaba ganando dinero]. Y comencé así, y comencé a agarrar experience. Los managers se dieron cuenta que los de transmission no querían hacer, they don’t wanna use their machine to exchange the fluids, cause they wanna pull it apart so they can upsell [no quieren usar la máquina para cambiar los fluidos, porque quieren desarmarlo para cobrar más]. Pero yo dije, no. Entonces dijo el manager, “Quieres hacer trabajo? Es tuyo. Leen los instructions, y lo vas a hacer fácil.” Y comencé a hacer, y después comencé a hacer todo. Me dieron ayudantes y todo. Bueno, porque yo comencé a leer. Y todo el inglés. Por eso yo fui a la escuela. Y yo podía interpretar, yo podía leer.

Okay, cuando me mandaron, me mandaron para… porque la Ford dealer sacó de que, ah, todo el que trabajara para sus carros tenían que ser certified. Boom, they sent me to school [me mandaron a la escuela]. Y me doy una sorpresa, que habían americanos que no sabían escribir. Cuando yo llegué era el único hispano. Pero, mi acento, y a veces no podía, pero yo podía leer, y podía escribir. Entonces, ellos miraron. Para quedarte en clase tienes que hacerte un quiz de diez preguntas. Y para poder quedarte tienes que contestar las nueve. Menos, they send you back to the dealer [te regresan al dealer]. Comencé yo, boom, boom, perfect. Comencé a trabajar, comencé mi school, y me gradué. Y yo soy certificado para como 18, como en 18 ramos. Eléctrico, computer, pero ya no puedo trabajar. Porque me lastimé el brazo. Después ya estaba tirando a ser master technician. Todo por ir a la escuela. Y aprendí en inglés.

M: ¿Qué te pasó con el brazo?

J: Tuve un accidente. Yo tenía un brand new truck, yo saqué del Ford, y en 2005, el último día del 2005, el thirty-first de december [treinta y uno de diciembre], en el freeway iba para el dealer y estaba lloviendo, y el carro lost control, and it’s spinning and spinning and I’m trying to, I don’t wanna hit another car, right? So, yo pensé que, to approach the wall, it would be okay. No, I hit the wall like 100 miles per hour. Booom. Straight ahead. Nothing happened to me, only my arm. [El carro perdió control, y está girando y girando y estoy intentando, no quiero chocar contra otro carro, ¿verdad? Entonces, yo pensé que, acercarme al muro, estaría bien. No, yo me choqué contra el muro como a 100 millas por hora. Booom. Al frente. Nada me pasó, solo mi brazo.] Y ya no pude. Ya, trabajando no podía. Ahora estoy bien, estoy bien, pero mi mano no respondía en ese tiempo. I couldn’t lift nothing, y tú sabes trabajando en carros. Tenía que poner, lift the cars [levantar los carros]. Y ya no pude trabajar.

Y también porque, pues yo ganaba mucho dinero, y también así como las cosas buenas llegaron, llegan las cosas malas. Me dieron a probar una vez cocaína, y me adicté. Yo fui adicto a la cocaína por 17, 20 años. Todo el dinero que ganaba yo, yo ganaba mucho dinero. Tenía casa, como, three blocks away from here. Yo perdí mi casa, perdí mis hijos. Yo perdí todo. Por eso cuando llegué al cristianismo, y me dio otra oportunidad Dios. Porque yo lo perdí todo. También yo gané, pero perdí mucho. Porque cuando uno tiene dinero, y le dan a probar algo, y todo por lo que te dije, yo soy así, antes y ahora. Por hacer un favor a alguien, me quiso pagar con eso, que, “¿Le gusta?” “Nunca lo he probado.” “¿No?” Y tú sabes. Y lo probé, y me dijo, “Lo tengo, cuando quiera.” Y me gustó el feeling, y después, yo no tomaba. Yo empecé a tomar hasta la edad de 27 años. Y pasaron 20 años para que dejara hacer eso. Ahora yo tengo nueve años de que Dios me salvó. Porque creo en Dios. Dios es grande. Por eso ahora, yo sirvo a Dios. Y no me olvido. Y ahí en Uber, yo hablo mucho de Dios. Pero que no tengo que hablar, pero yo lo hablo.

Y, al ver el cambio en mi vida, porque, mi familia estaba… ¿Sabes la palabra desahuciado? Que ya me habían dado por muerto. Ya me habían quitado. Porque yo llegué a una etapa en mi vida low, low, low. Entonces estaban esperando la cárcel, hospital, o muerte. Entonces yo, cuando me convertí al cristianismo, o sea, el evangelio que, es las buenas nuevas de salvación, y darnos una nueva vida. Entonces, yo creí en la palabra de Dios. Y él me convirtió en una nueva persona. Algo que soy, realmente. Al ver mi familia el cambio mío, yo les comencé a hablar de Dios. Y, vino mi madre, y me comenzó a seguir a la iglesa a la que iba. Era católica, iba a la iglesia católica, y sí, va conmigo a la iglesia evangélica. Y ella creyó también, y se convirtió. Mi hermana creyó, y se convirtió. Mis hijas creyeron, y se convirtieron. Entonces ahora somos cristianos. Creemos más en Dios. O sea, creemos en un solo Dios, creador de todas las cosas, y no creemos en imágenes, como muchos mexicanos.

¿Qué más te puedo contar?

M: Pues dijiste, yo creo, que a veces – tú ya tienes papeles, no? Eres ciudadano?

J: Sí.

M: Y, dijiste que a veces, vas a Tijuana para ayudar a –

J: Oh, sí, pero, parte de la iglesia. En la iglesia, ah, le gusta servir. Tengo lo que llaman, en no digo religión, porque para nosotros no es religión, es servicio y adoración a Dios. Entonces, servimos a Dios como servir al prójimo. Entonces, una hermana, nosotros les llamamos hermanos a los de la congregación, pues, yo fui a una convention de la escuela de las churches. Y pues, lo que enseñaron pues, me enseño que, como decía el Tío Sam– ¿Como decía? What we can do for me?

M: Oh. JFK said, “Ask not what your country can do for you, but what you can do for…” what was it?

J: Ah, John F. Kennedy dijo? Okay, eso dijo. Entonces, eso es lo mismo. No te preguntes lo que Dios puede hacer por ti, sino pregúntate, ¿qué puedes hacer por Dios? Pues, usaron eso, y me pregunto. Dijeron, cuando regresamos, que dijeran a nuestros pastores, ¿qué podemos hacer? ¿En qué le podemos ayudar, en qué área? Y en el aeropuerto, en Los Ángeles, aquí, le dije a mi pastor, “¿Qué puedo hacer por usted?” Me dice, hay que orarle. Antes del mes me llamó, me dijo, “¿Quiere usted encargarse de la van?” O sea, la transportation. Y le dije, sí. Me gusta manejar. Y comencé a dar raite a los hermanos. Casa por casa, recogerlos y llevarlos a church. Y entonces como I was in charge of the church, me dijo, una hermana, quería ir a Tijuana. Se lleva la van, porque había una iglesia donde está la necesidad de que hay muchos hermanos que han sido agarrado por la migra, y están allá viviendo. Muchos quieren irse para su, a sus lugares, y muchos quieren regresar. Primero vamos a llevarles comida, vamos a llevarles clothes [ropa]. Pero lo principal, vamos a llevarles pan de vida, que es la palabra de Dios. Y sí, iba muchas veces. Ahorita ya no estamos yendo, pero sí, fui muchas veces a ayudar allá. Como unas cinco veces. Ahorita se paró porque otra iglesia agarró control. Pero si me llaman, sí quiero ir a ayudar allá. Si me van a dejar allá sin GPS, yo me pierdo. Hasta el profundo, lo mero de Tijuana donde están los pobres de Tijuana. Y entonces encontramos allá a gente de que, hermanos, hijos de pastores, que están allá, que estamos tan ilegales acá, y se los llevan. Y allá están. No tienen nada, y entonces se quedan allá. Y sí, me gusta ayudar mucho a la gente. Porque Dios que, de gracia recibiste, de gracia vamos a dar. Como Dios te ayudó, tú tienes que ayudar a los demás.

M: Exacto.

J: Y tú sabes, cuando yo trabajaba en Jack in the Box, como manager, yo ayudaba a mucha gente. Buscaban a veces el trabajo. Les decía, “Claro, tú eres de México?” “Sí, soy de México. Acabo de venir.” Me acuerdo que yo acababa de venir y me ayudaron. “Voy a decir que eres mi hermano.” Y era mexicano, yo era de Guatemala. Y les dije, “Vete, vamos.” Les daba trabajo. Mucha gente ayudé, mucha gente, porque, a mí, él que me ayudó, me abrió las puertas a Estados Unidos, y mira, aquí estoy. Tengo papeles, aquí estoy, gracias a Dios puedo viajar. Puedo ir a cualquier lado del mundo, y puedo regresar acá. Muchos no pueden ir. Mira, qué tan bueno es Dios conmigo que muchos añoran a estar cerca de su madre. Están al otro lado, no pueden ir, no tienen papeles. Mira, yo tengo papeles, y tengo a mi madre acá. Sí, porque Dios es bueno. Porque Dios me ha bendecido. Porque lo tengo todo aquí. Mi mamá ahorita no está, anda con mis hijas, anda comprando. ¿Qué más te puedo decir?

M: Es una muy buena historia que tienes.

J: ¿Qué quieres saber, de qué te puedo ayudar?

M: Pues, eso. Saber tu historia y ahora lo voy a escribir y lo voy a poner en, como en una entrevista en mi web site, en mi blog. Porque para mí lo importante ahora, las personas que no conocen a personas que han vivido estas historias, no conocen la verdad. Por ejemplo, Donald Trump y personas que andan diciendo cosas malas de migrantes.

J: Te voy a decir algo. Se me olvidó, lo tenía en mente. Yo estoy agradecido de que me abrió estas puertas después de ese señor que me ayudó a trabajar, que me entró al trabajo. Yo estoy agradecido con una persona americana. Se llama Ronald Reagan. Estoy triste porque murió la esposa, Nancy Reagan. Y yo me acordé. Por él, porque el tuvo el corazón, el corazón que no tiene Donald Trump. Él abrió a mucha gente. Mucha gente que trabajaba. Mucha gente que ha hecho su sueño americano. Que ha respondido a la oportunidad de que él nos abrió la puerta. Estamos aquí todavía. ¿Tú crees que nosotros vamos a votar por Donald Trump? No creo.

M: Yo no creo.

J: Yo no creo que va a ganar él. Para mí, él es el diablo. [Se ríe] Él es mala, malas noticias. Él le va a ayudar a todo aquel que sea muy conservador americano. Que no conoce el background, porque nosotros veníamos aquí a trabajar.

M: Pues eso es lo que quiero compartir, porque hay mucha gente que no entiende. No más escuchan, “Ay, quieren, I don’t know, bring drugs and steal our jobs” [quieren llevar drogas y quitarnos el trabajo].

J: Muchos piensan… nosotros veníamos a trabajar, veníamos a hacer el trabajo sin ofender lo que el americano no puede trabajar. Yo no voy a mirar a un americano que esté limpiando baños, un americano que esté en las cocinas como en los Jack in the Box. Ellos no hacen este trabajo. El americano quiere hacer trabajo dónde gane muy buen dinero. Nosotros nos conformamos con el dinero, el mínimo. Si me entiendes. Yo trabajé, antes de empezar a Uber, estaba trabajando en un warehouse. Yo solo miré un americano trabajando entre nosotros, porque era un amigo del dueño. Porque le estaba ayudando porque era un actor. Un actor de cine, pero no estaba ganando dinero, e iba a ganar algo ahí con nosotros. Pero de miles, un americano. El hispano está ahí, descargando los containers. Trabajo pesado. Trabajo que, está 100 degrees afuera, y ¿cuánto está adentro? 120, 130. Y están sudando, y a mí me tocó hacer este trabajo. Estaba sudando como si estuviera en un horno. ¿Quién va a querer hacer el trabajo? Tú me dices. Nobody. [Nadie] Sólo nosotros que tenemos la necesidad, lo hacemos. Y venimos aquí con la idea de que nos superamos económicamente. Para mantener nuestras familias allá.

Él piensa por las noticias que ha llegado, pero eso es como un veinte por ciento. ¿Qué pasó al otro ochenta por ciento? De nosotros que trabajamos. Que tenemos buenas intenciones. Yo lo único que le digo al que viene de nuevo, cuando empieza los caminos de acá, y que vaya a la escuela a aprender inglés. Que ese es la llave para acá, para superarse. Una. La otra, que si quiere hablar inglés, tiene que pasar en inglés, no en español. Y si quiere quedarse acá, tiene que vivir como un americano. Porque estamos en un país que no es nuestro. Desde la frontera se llama, Estados Unidos de América. No dice Estados Unidos de México. Y que tenemos que respetar la ley de este país, y vivir como americanos. Entonces nos va a ir bien. Porque si estamos aquí, sí traemos nuestra herencia, podemos hacerlo aquí en nuestra casa. Pero cuando estemos afuera, vivir como un americano. Porque es así. No es nuestra tierra. Esta es tierra americana. ¿Te recuerdas cuando salían unas protestas de, quién fue, de immigration? ¿Cómo vas a creerte que un americano va a recibir a nosotros si salemos con la bandera de nuestro país? Ah, México. No, ¿por qué no salemos con la bandera de Estados Unidos? ¡Entonces nos van a recibir bien! ¿Sí? Ya, porque ya vivo acá, yo pienso así. Entonces, mi forma de pensar, tengo que pensar como americano, porque vivo en América y porque soy americano ya, tenemos que vivir como americanos. Y si quieres seguir viviendo acá y superarte, te tienes que apegar a la ley de los Estados Unidos, porque eso es la ley de acá. Entonces si vas a vivir con la ley de México, entonces mejor regrésate a México. En serio. ¿Para qué vienes acá? Si te vas a venir a superar tienes que dejar todas tus cosas de allá, y las cosas de acá entonces, vas a triunfar. Porque si vas a estar protestando, no, que esto no, tu mente no te va a dejar. Eso, así creo. ¿Tú qué piensas?

M: Sí. ¿Tienes algo más que quieres decir, compartir?

J: Pues eso, es todo. Eso es mi consejo. Nosotros hacemos el trabajo que muchos no quieren hacer. ¿Verdad? Y por eso muchos se aprovechan mucho de nosotros. El americano es justo. Pero ellos, se aprovechan del inmigrante. Porque, como no tienen papeles. Pues nos van a tratar como esclavos. Y no está bien. Entonces, nosotros, pues, solamente cuando nosotros aprendemos inglés y conocemos las leyes de aquí, de Estados Unidos, ya no nos van a poder hacer nada.

Y que necesitamos nosotros tener otra amnistía porque hay mucha gente. Así como yo tuve la oportunidad. Porque la amnistía, yo recibí la amnistía en 1985. El 28 de agosto de 1988 ya era legal. Sí, esta vez para acá, soy legal. Necesitamos esto, necesitamos una amnistía. Y gracias a Dios yo la tuve. ¿Verdad? No he estado en la cárcel, nunca fui a la cárcel. No la conozco. Me llevaron alguna vez porque creyeron que yo estaba drunk, pero no, solo había tomado una cerveza. Pero tenía como tres horas. Me dijeron, “Dime la verdad, cuantas cervezas te has tomado?” “¡Estoy diciendo la verdad, una!” Boom, boom, me llevaron a la station. Y entonces, me pusieron, en ese tiempo empezaban con los —

M: The breathalyzer.

J: Si. [Sopla] “Bibibibip.” Cero cero cero cero. Me decía la policía, “¡Me está mintiendo! ¡Sopla!” ¡Paaa! Me pegó. Soplé más. “Me está mintiendo!” “No,” yo digo, “¡te estoy diciendo la verdad! No me vayas a pegar.” Entonces lo vio el que estaba in charge [encargado], y me dice, “What happened? [¿Qué pasó?]” Y me dijo, “Sopla. Pero bien.” Soplé. “No, no está borracho. ¿Por qué lo trajiste?” Me regresaron a mi carro. En ese tiempo, te estoy hablando 1980, 81, cuando tuve mi primer carro.

Pues ahora cuesta pasar. Cuesta.

M: Sí. Cuesta mucho.

J: Pero pasan.

M: Sí. Siempre van a pasar.

J: ¿Pero cuánto cuesta ahora? Mucho dinero. O sea, ¿cuánto me costó a mi a pasar?

M: Me dices trescientos, ¿no?

J: Cincuenta. ¿Cuánto cuesta ahora? ¡Son thousands of dollars [miles de dólares]! Está cara.

Después de mí, yo fui el segundo, y después se vinieron toda la familia. Mi mamá fue agarrada por migración. Mi mamá estuvo en la cárcel en Chula Vista. Con mi hermano. Pero eso fue después, cuando ellos vinieron. Ellos vinieron como en el 85. En el 84 o 85 vino mi mamá con mi hermano, mi hermano tenía once años. Y mi hermano hasta hace poquito se hizo residente. No quería, no quería, no quería. Hasta que le dije una vez, “Sabes que, yo voy a ir y te busco.” Y le busqué un abogado. Y costó. Y así, ahora todos estamos bien. Pero te digo, ¿de dónde viene todo? 1976, terremoto, por la pobreza. Muchos por pobreza, muchos por política.

Por eso, mira la película esa, El Norte. Mira, esa te va ayudar mucho, mucho, mucho. Son dos guatemaltecos, dos indígenas. Viene la historia de porque salen de Guatemala, pasan por México y ahí la historia en México, lo que vivieron en México. Lo que tuvieron que hacer para poder pasar para acá. Él y su hermana. Pasaron. Pero esa historia es tan… sad [triste]. Y wow, está tremenda. Es una historia que compadezca lo mismo que todos lo pasamos. Muchos más, muchos menos. Pero es la misma historia. Ellos tuvieron que pasar peor de lo que yo pasé. Y uno de los actores de esa película, todos son mexicanos. Los actores. Uno del este de Los Ángeles, no se como unos años, unos 18 years, lo mató un drunk driver en el este de Los Ángeles. Yeah. Pero sí. Sale muy buena esa película. Como el gobierno, todo porque uno quiere pelear sus derechos. No tiene derechos ahí. ¿Tú crees tener democracia? Crees tener un país demócrata? Mentira. Es porque no hay ni democracia, ni comunismo. Es la ley del gobierno. Son muertos. Te quitan tus tierras para el rico. Y así. Muchos aquí en Estados Unidos por la misma razón. Salen huyendo de acá, y nos sacan de acá. Pensamos que estamos salvos acá, y mira la policía ahora. No hay pase.

Pues esto es parte de la historia, esta casa. Chiquita, vivimos aquí, humildemente. Pero, ahora tenemos algo. Allá no teníamos nada. ¿Sabes cómo era la casa de nosotros? ¿Dónde vivíamos? Era como de este tamaño [señala hasta la mitad de la sala], pero era de madera. Pero no era madera así como aquí que queda recta así. Sino era, tú sabes, está el árbol, y le quitas las sides [lados], y a eso le llaman lepa. Y con eso se hace. Y se tapa con periódico, lo que tiene los huecos, lo tienen así, no son rectos, no. Son pedazos, lo redondo del árbol, y se hace una casa. Un marco, y se pone de techo, se pone lo que llaman lámina, que es de metal, para el agua, y esto, y se tapa. Pero allá, ni hace tanto frío ni hace tanto calor. Por eso a mi país le dicen, el país de la eterna primavera. Nunca hace frío, nunca hace calor. Todo es primavera, todo el año.

M: De qué parte de Guatemala eres?

J: De la ciudad. La ciudad de Guatemala, en una colonia allá de la zona 19. Es un lugar, aquí como son ciudades, allá son zonas. Zona 19. Y se componen por colonias. Y yo vivía en una colonia que se llama El Milagro.

M: El Milagro. Y el milagro es que te fuiste.

J: Y de milagro llegué.

Ésta es la parte final de la historia de Juan. Lee la primera parte, sobre su viaje desde Guatemala hacia Los Ángeles, aquí.

Muchísimas gracias a Juan por compartir su historia conmigo.

“Ahí comienzan mis aventuras:” Entrevista con Juan Carlos del Cid, Primera Parte

Yo conocí a Juan Carlos del Cid hace unos fines de semana. Yo iba de vuelta a mi casa después de salir un sábado por la noche, y Juan era él que manejaba el Uber que agarré. Empezamos a platicar, y le pregunté de dónde era. “Yo soy de Guatemala,” me dijo, “pero ya me considero como si fuera de los Estados Unidos. Ya he vivido acá más que allá.” Le expliqué que durante el verano pasado yo trabajé en un comedor de migrantes en Sonora, México, y le pregunté cómo había llegado a los Estados Unidos. Resultó tener una muy buena historia.

Cuando los políticos conservadores están hablando de la inmigración con una espantosa mezcla de odio y mentiras, me parece importante compartir las verdaderas historias de los que vienen a los Estados Unidos. Los inmigrantes no son monstruos, ni puras estadísticas, sino personas, y cada uno tiene su propia historia. Le pregunté a Juan si compartiera su historia conmigo, de cómo llegó a los Estados Unidos y cómo ha sido su vida desde que llegó. Aquí está la primera parte de la entrevista.

Marjorie Hunt: Lo que quiero saber es tu historia. Eres de Guatemala, ¿verdad? ¿Por qué saliste, y cómo te fue para llegar hasta aquí? Donde ahora estás.

Juan Carlos del Cid: Yo llegué porque mi hermana, ella salió primero. Porque ella miró la necesidad, de que necesitábamos nosotros salir adelante. Porque la posición que estábamos nosotros, estábamos muy pobres. Mi mamá trabajaba como sirvienta, ¿sabes lo que es sirvienta? En una casa. De ricos en Guatemala. Ella se iba toda la semana y le daban como cuatro horas de descanso. Los domingos. Y era para vernos. Mi abuelita, la mamá de mi mamá, nos crió. Nacimos sin padre, y a los años, como a los 15 años, mi papá quiso regresar con mi mamá. Salió embarazada de mi hermano. Esto, estoy hablando de 1976. En 1976, hubo un terremoto en Guatemala grande. Gracias a Dios no nos pasó nada, y después del terremoto, nació mi hermano. Y nos miramos en la pobreza. Y mi hermana, siendo la más grande, le hablaron sobre el sueño americano de aquí de los Estados Unidos. Conocíamos a una persona que venía y llegaba, llevaba ropa usada de acá y la vendía allá como nueva. O sea, hacía negocio. Venía, pero esa persona era ilegal. Y ella hacía dinero, llevándose la gente de allá para acá. Y entonces, mi hermana se vino. Y la historia de ella es que, ella se vino con esta mujer, y cuando ya pasó la frontera, a ella, la otra, le detuvo migración, pero mi hermana siguió. Y mi hermana estuvo aquí, vino acá, pues sin nadie.

M: Wow.

J: Nadie, nadie. Y era una mujer, ella tenía 18 años.

M: Y vino a Los Ángeles.

J: Sí, vino a Los Ángeles. Y ella conoció aquí una persona que le dio dónde vivir sin conocerla. Comenzó a trabajar en casa, y, entonces comenzó a mandarnos dinero. Comenzamos a vivir mejor. Entonces, en ese tiempo pues, comenzaba las cosas malas en mi país. Siempre debido al gobierno. Una de las razones que me vine fue porque, en 1976, yo estaba en high school, de noche. Y, Guatemala estaba peleando a Belice. Belice era Guatemala, en 1976. Entonces, Guatemala iba a invadir Belice. Porque, mira. Estaba yo in school, cuando dijeron que Guatemala iba a pelear contra Gran Bretaña. Me acuerdo que estaba en the news de que Guatemala iba, entonces, Gran Bretaña puso dos portaviones en frente de las cosas de Guatemala por Cuba. Guatemala queda bien cerca de Cuba, sabes? Y puso así, y todos estaban ya con miedo. Que Guatemala iba a pelear, y que toda Centroamérica se había unido, que íbamos a pelear contra Gran Bretaña. Así como peleó Argentina, por las Malvinas. Same thing. Entonces, el ejército comenzó, pero no como aquí que es volunteer, allá they force you. Todo él que tenía de 15 años para arriba, tenía que ir a servir para el ejército.

M: Desde los 15 años?

J: Catorce años estaban agarrando. Y me acuerdo que, llegaron a donde yo vivía, era un neighborhood. Era pobre. Y llevaron un camión, iban muchos soldados. Todo él que estaba en la calle, los comenzaron a agarrar. Y a mí me quisieron agarrar y comencé a correr. Yo era muy bueno para correr, sabes. Corría bien rápido. Estaba chiquito pero ¿quién me iba a alcanzar? Me acuerdo que iban dos atrás de mí. Eso sería el sonido de las puertas, boom, boom, boom. Pero como conocía mi hood, me les escapé. Varios amigos los agarraron. Los metieron al cuartel, donde están los soldados. Y los estaban preparando para ir a luchar con todos. Todo estaba así. Estaba así, bien feo. Había mucha tensión. Sabes qué pasa? El cuatro de febrero 1976, tres de la mañana, 3:33, cae un terremoto de 7.8 en Guatemala. Mató 26,000 people, 27,000 people. Y yo estuve, I’m a survivor of the big terremoto. De ahí viene la historia de nosotros. Por qué nos venimos.

Después del terremoto, mirábamos la pobreza en donde estábamos, “No tenemos dónde vivir.” Entonces, la gente comenzó a invadir terrenos grandes. Y nosotros no alcanzamos nada. Y mi hermana, al ver todo eso, no quería que yo pasara los problemas, y me dijo que sí me quería venir. Y sí, me vine.

Entonces, sí, yo acepté, pero tardé como siete meses para venirme, porque ella decía las noticias que el KKK estaba matando gente en la frontera. Y, y por eso me dijo que esperara, un momento para que me fuera. Y sí, llegó el día que mandó el dinero, pero yo no sabía como irme. Entonces, en mi país, sale el periódico, y sale unos advertising de empleado, y todo eso, salía viajes a los Estados Unidos sin… no había problema, ni nada. Por, no me acuerdo, eran 300 dollars… 300 quetzales, que era, en ese tiempo, 300 dólares eran 300 quetzales. Entonces, compré el boleto, y pues, primero fui a la embajada de México. México me dio una visa que podía llegar a México. Pasar la frontera de Guatemala a México, sin problemas. Pero, la visa era hasta Guadalajara. Si pasaba de Guadalajara y me encontraba la policía, era ilegal. Porque ellos no quería que yo viniera a Estados Unidos, que es un tratado entre México y Estados Unidos, algo así. Entonces, pues yo llegué a Guadalajara, bien, sin nada.

Y mi aventura empezó cuando estuvimos en Guadalajara en hotel, esperando el coyote que nos habíamos contratado de allá. Entonces, ellos estaban aquí en la frontera. Para llegar a Guadalajara, lo hicieron por tierra, porque en ese tiempo, las aerolíneas estaban en huelga, y no habían flights. Entonces, estuve allí en Guadalajara como, tres, cuatro días, viviendo.

M: ¿Con quién fuiste a Guadalajara? ¿Sólo?

J: Sólo. Sólo me acompañaban cien dólares. Cien dólares. Imagínate. Para comer, y todo. Y entonces, éramos muchos que veníamos. Yo no sabía, hasta que todos los que veníamos en el mismo autobús, iban a la misma dirección. Yo no sabía hasta que llegamos al hotel. Pero en el hotel tenían preparado un floor, solo para nosotros, porque llegaba la policía y chequeaba. Pero ellos sabían que en el floor ese, no podían chequear porque ya habíamos pagado por adelantado. Entonces, cuando llegaron ellos [los coyotes] al tercer día, pues dijeron, como random, éste se va aquí, éste se va acá. Y a mí me tocó irme por el tren. Y a los demás ir en autobús.

Y ya estuvo mi historia, ahí comienzan mis aventuras. Que nos montamos al tren, y me hice amigo de alguien que vivía close by en Guatemala. No me acuerdo su nombre. Y, a él le habían vendido en Guatemala como ID, y él quitó el picture, y puso su picture, y el sello, lo hizo con lapicero. Tú sabes que ponen el sello, y lo hizo. Y entonces, se hizo amigo mío. Y entonces cuando subieron los primeros ah, judiciales, a chequear el tren, y me preguntaron a mí que de dónde era, dije que era de México. Que era de Guadalajara. Antes de llegar, antes de salir de Guatemala, nos aconsejaron que tenemos que hablar como mexicanos, porque nuestro acento es… way different than México, del mexicano.

Entonces, nosotros hablamos, el acento es diferente. Hay cosas que hablamos, cosas que para ellos, eso es malcriadez. Son cosas malas, ¿no? Y entonces, comencé a hablar como mexicano, y… y me dijeron de dónde era, que era de México. De dónde, de Guadalajara. Pero yo hacía que tenía 16 años, pero tenía 18. Ellos me creyeron. Que no tenía papeles porque era menor de edad. Y, me pasaron. Pero mi amigo, que me hice amigo en el tren, el tenía como 22, 23 años, y traía el carnet. Y le dijeron, “Ese carnet no sirve. Eso no es tuyo. ¿Para dónde vas?” Pero a mi me preguntaron que, para dónde iba, me preguntaron a mí. Y dije, “Voy pa Tijuana.” “Y pa qué vas a Tijuana?” “A ver a mi carnala, a mi hermana.” Me creyeron. A él no le creyeron. Pues dice, como no le creyeron, y, la desesperación que le iban a sacar, les dijo, “Es que voy a ver a la carnala de él. Con él voy.”

Boom, me dicen, “Vente.”

Y me llevaron a los baños del tren. Y ahí nos tenían. Unos baños uuuh. Me acuerdo, estaba todo feo, apestaba, y nos tenían ahí. Y nos decián que nos iban a meter la cara ahí si no decíamos dónde, a dónde íbamos. Yo, no, pues. Entonces, nos dijeron, “¿Centroamericanos, sí?” Entonces, lo que hacen es que, le quitan a uno la t-shirt, y le chequean las etiquetas. Las etiquetas dicen “Hecho en Guatemala” o hecho en donde lo han hecho. Y la mayoría, como allá lo hacen todo para allá, decía “Hecho en Guatemala” todos los underwear. Pero a nosotros nos dijeron que cuando salíamos, antes de que salimos, les tienes que cortar eso. Ellos no podían, entonces. “No, centroamericanos. Ahora, de dónde son?” Ya, ahí nos declaramos centroamericanos. “Entonces de Guatemala. Entonces, si no sueltas una lana, un dinero, no les dejamos ir. Aquí se quedan.” Entonces le sacó a él los dólares, y los pesos que cargaba. Lo poquito que no había gastado, en hotel, en comida. O sea, en Guadalajara. Y me quitaron todo el dinero, solo me dejaron tres dólares. Tres dólares.

Pero yo me acordaba que me había como veinte dólares en el pantalón. Como tenía los pantalones, los ruedos, y lo cocí, y aquí medio tenía el dinero. Todavía me quedaba reserva. Y, no nos bajaron. Nos dejaron. Seguimos en el tren. Llegamos a un lugar que se llama Benjamín Hill. No sé dónde queda. Pero es antes de Coahuila, México. Es otro donde dice que es una estación de tren que nadie de Centroamérica pasa por ahí. Nadie. Entonces, pues nosotros para avoid the immigration de México, nos bajamos. Y me dice, le digo yo pues, “Con qué dinero?” “No te preocupes,” dice el otro muchacho. “No me quitaban todo el dinero.” Él sí tenía mucho dinero. Same thing, en el ruedo.

Y fuimos a comer tacos. To avoid it, you know. Y comenzó la migra de México ahí. Y nosotros nos bajamos, y fuimos al taco stand. Y entonces cuando dice, cuando– yo no como chile. Dice, “Con todo, joven?” “No, sin chile.” “¡Centroamericano!” Oooooh, ¡el chile! “Mmmm,” dice, “con cuidado,” dice. “Porque está la migra.” “Sí, yo sé. No va a decir nada?” “No, no tengas pena. Vas pa el norte, verdad?” “Sí,” yo digo, “sí, voy pa el norte.” “Buena suerte,” me dice. Hasta me regaló un taco.

Es algo que yo siempre llevo en mi mente, en mi corazón. Cuando yo recibí ayuda de alguien. A mí me decían allá en Guatemala de que, México era bonito, pero sin su gente. Entiendes? Que en México era bien bonito, pero la gente en México era mala. Pero, ahí entendí que eso era una mentira. Porque la gente en México vive bonita. La gente en México es hospitalaria y me dio de comer. Porque, después de eso, después de esta historia de lo que te estoy diciendo, lo de México, de la gente de México, viene después.

Veníamos, y cuando miramos que un tren salía de la estación, dije, “Se nos va el tren.” Y comenzamos a correr al tren. Y lo agarramos y subimos, boom, caminando y todo. Y nos fuimos adelante, y dije, “Este no es el wagon.” Y comenzamos, y seguimos, seguimos, y llegamos al final. Y el wagon en que nosotros veníamos no estaba. Y digo, “Y este, ¿para dónde va?” O sea, lo hablé como mexicano. “Y este, ¿pa onde jala, eh?” “Esta va pa Nogales.” “¡Nooo, no nos vamos pa Nogales!” Y el tren lleva, chu chu chu, lleva rápido, iba lleno, y encontramos la salida, y ya tirando. Vaaa, y caímos todo raspados, mis rodillas raspadas, y mis manos raspadas, y mi amigo me decía, “Por tu culpa,” me decía. “Porque tú me dijiste que este tren.” “Por qué me sigues?” Nos comenzamos a pelear, y comenzamos a caminar. Toda, de regreso, por el rail de tren, todos tristes, y yo en mi mente decía, “Ya regresé para Guatemala. Qué hago? Ni modo.” Y como, comenzamos a caminar, comencé a ver una lucita, una lucita más grande, más grande. Era la estación de tren. Y cuando viendo, el tren todavía estaba allí. ¡Y a correr! Y seguí corriendo y seguí corriendo y acaba. Llegamos. Ya la migra se había ido. Ya se había llevado un montón. ¡Y a nosotros no nos dijeron y no vimos nada! So, lo hicimos bien. Y yo creo que Dios hizo eso para que yo estuviera acá. Porque, si no me hubiera pasado eso, a mí me hubieran agarrado.

Y entonces, cuando llego, ya mi asiento estuvo ocupado. Y me tocó que venirme parado. Parado, y con hambre. Y caminamos en el tren. Entonces a mí me tocó que robar. Hice una parada, unas señoras con canastas, y cargaban fruta. Tú sabes. Para sobrevivir con hambre. Yo no tenía dinero. Y, así pasó, y llegamos a medianoche a Coahuila. Y en Coahuila, nos estaban esperando en un hotel. Y cuando llegamos todos, seguimos caminando uno acá, otro allá, e íbamos persiguiendo al coyote. Pero el coyote se hizo mi amigo. El coyote se llamaba Tony. Y yo tenía que seguir, yo iba con él, y todos me iban persiguiendo a mí. Yo era la señal, y todos me iban persiguiendo. Y cuando llegamos al hotel, todos nos juntamos en la esquina, y nos decían, “No pueden entrar al hotel.” “¿Por qué?” Porque allí estaba una patrulla de la policía de México. Si no, nos iban a mandar. Nos iban a sacar.

Y no sé qué hizo él, y no me acuerdo muy bien qué pasó, y nos llevó en otro camión, otro autobús. Agarramos un autobús, y este autobús nos llevó a un pueblo. No me acuerdo el pueblo. Ahí nos quedamos. Y entonces, quedamos en una casa. Una choza de una señora donde había pura tierra. Era la más pobre que había, y la señora tenía frijoles, tenía café, y nos dio de comer. Café, y en la mañana nos hizo huevos con frijoles. Y allá amanecimos. En el piso, en la tierra dormimos. Y nos dio cobijas, y todo, y pasamos, y dijo la señora, “Lo que ustedes nos quieren dar.” Por eso te digo, la gente en México es bien bonita. Y le dije, “Yo no tengo dinero.” “No te preocupes, otro me va a pagar.” Y otros le dieron el otro dinero. Por eso, la gente en México es bonita. Yo lo sé.

Y, entonces, seguimos. A los dos días, no sé, tres días, llegamos a Mexicali. Ya estamos cerca. Y también, otra gente nos dio de comer. Íbamos en una casa y nos dieron de comer. Yo no cargaba dinero. Lo que estaba guardando yo, llevaba poquito. Y a ese sí, les di el dinero. Porque me dio pena. Porque nos dieron de comer, hasta carne. Tú sabes, carne en ese tiempo, wow. Y seguimos así, hasta que llegamos a Tijuana. Pero toda una estrategia de los coyotes, de, “Bájense acá, nos siguen acá,” porque sabían que aquí, no podía, aquí no pasábamos, y aquí nos llevaban por diferentes caminos. Caminábamos, y agarramos el autobús. Dejamos el autobús que nos llevaba, y nos bajamos aquí, y esperábamos el autobús por otro lado, porque aquí estaba la migra de México. Y nos estaba regresando. Hasta que llegué. En México, me acuerdo que subimos mucho, mucho, caminamos mucho en Tijuana, hasta que llegué en el border, México-Estados Unidos. No el border que está ahora. El border era una malla, tú sabes, que estaba botada. Y pasaban riítos, ahí, de aguas negras, y yo decía, “Este es Estados Unidos?” Tan feo que se miraba, “Eso es Estados Unidos?” Pero, los que estaban, llegaron primero, fueron los que vinieron en autobús. Pero había una muchacha de El Salvador que venía y que se gustaba con el, con Tony, el como se llama? Y me dijo, “Vete tú en el grupo primero. Me voy a quedar con ella.” Y a todos les sacó del primer grupo. Por quedarse con ella. Y yo me fui.

Mira, y el primer intento, pasé. Dejamos todo lo que era claro, y vestíamos así negro, oscuro, y comenzamos así como unos 15 o 20. Entonces, en la frontera íbamos en el cerro, y me decía el guía, “Truchas, que quieres ir listos.” Porque aquí había un cable, que si lo tocamos era como un sensor, y pasamos así, fácil. Y cuando miramos el helicópter nos metíamos en los bushes y nos escondíamos. Y caminamos unas, como unas dos horas, tal vez. Cuando llegó un carro, y era un americano. Un americano. Que era la primera vez que vi un americano aquí, en Estados Unidos. Llegó con una station wagon. Y puso unos atrás. Y pasamos como 15 en el carro. Casi todos cupimos en el carro. Y yo pasé en el passenger side, pero donde ponen los pies, ahí me acurruqué yo. Me pusieron otro encima, y dos encima con él. Éramos cuatro! Y todos atrás iban como, unos con otros, como, boom boom boom. Y todos. Y él, “Todos están bien?” “Sí.” Agarró un cigarro de marihuana, fumó marihuana. Y se fue. Y no nos pararon.

Y nos llevó a un motel en San Diego. No sé, Chula Vista, por ahí. No sé dónde era. Y nos llevaron a un motel. Y entonces, a la siguiente noche, iba a pasar el siguiente grupo en el que iba a pasar yo. Pero cuando iba, ese grupo cuando iba, dicen que mataron a alguien ahí. Y no pudieron pasar, porque estaba la policía vigilando. Esperamos cuatro días, sin comida, sin agua, solo agua de la llave que estábamos tomando, hasta que pasó el grupo. Y esa misma noche, llegó una, un troque, un camión. Y tenía, me acuerdo, que tenía el sign de Budweiser. Budweiser. Y cuando entramos, llegaron unos de acá, íbamos como unos 70, 80. Y todos parados. Como, como reses, como vacas ahí. Parados. Yo no sabía. Mi corazón palpitaba cada momento. Y comenzamos en el camino. Y todos dicen, “Cuando toquen la puerta así, se callan. Estamos pasando San Clemente.”

Y de repente, boom, todos callados. Y no revisaron la troca. Boom, llegamos al este de Los Ángeles. Y llegué a los Estados Unidos. Así. Una historia muy buena.

Esta fue mi historia, como llegué aquí. Lo mío, para mí es fácil. Porque en ese tiempo fueron más fáciles. Ahora es más difícil. Cada tiempo lo han hecho difícil. Ya ves que pusieron de metal, como una muralla pusieron.

Pero yo siempre que, dicen que para el hispano no hay imposible. Tiene ideas, es muy astuto. Es una herencia que traemos de los españoles, sabes. Porque los españoles no trajeron buena gente. Es que a Cristobal Colón le metieron puros vagabundos, gente de delito, por eso somos así. [Se ríe]

Ésta es la primera parte de la historia de Juan. Regresa a Casa Marj en los próximos días para la segunda parte, sobre su vida en los Estados Unidos.

Muchísimas gracias a Juan por compartir su historia conmigo.

Lo que no se dice sobre la muerte de Berta Caceres

Berta Caceres

Hondureña Berta Caceres, activista indígena y defensora de los derechos humanos, fue asesinado el jueves en la mañana. Caceres fundó el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y ganó el Premio Medioambiental Goldman por su trabajo en lucha contra la presa hidroeléctrica de Agua Zarca. La presa, financiado por Sinohydro, una de las varias compañias chinas invirtiendo grandes fondos en la región, se iba a construir sin el consentimiento ni la consulta de las comunidades locales. El trabajo de Caceres ayudó a parar la construcción de la presa.

Los medios norteamericanos han ampliamente reportado la muerte de Caceres, y muchos de estos reportajes condenan, apropiadamente, la violencia que ahora parece endémica a Honduras. El país se ha clasificado como el más peligroso del mundo para activistas medioambientales, y las Naciones Unidas reportan que tiene la más alta tasa de homicidio en el mundo. Tristemente, Caceres no fue la primera activista indígena relacionada con Agua Zarca que muriera. En 2013, Tomás García, otro organizador y miembro de COPINH, fue matado por un oficial del ejército durante una manifestación pacífica contra la presa. Es justo lamentar la muerte de una figura importante para los derechos humanos como Caceres, que luchó por los derechos indígenas y para el control propio de la comunidad. Pero lo que no se dice en muchos reportajes es el papel de los Estados Unidos en la violencia en Honduras. Los norteamericanos deben tener cuidado con la condena de Honduras sin haber analizado el rol de los EE.UU. en la crisis del país.

Como las muertes de Caceres y García demuestran, las condiciones de los derechos humanos en Honduras se han empeorado profundamente desde el golpe de estado contra el Presidente Mel Zelaya en 2009. El golpe fue dirigido por el general Romeo Vasquez, ex alumno de la Escuela de las Américas (o el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad), una institución infame del Ejército de los Estados Unidos que ha graduado a unos de los oficiales y dictadores más brutales de América Latina, y que entrena a sus estudiantes en métodos como la tortura y la contrainsurgencia. A pesar de eso, después del golpe de estado en 2009, los Estados Unidos no apoyó la demanda del regreso del ex-presidente Zelaya, cuya elección fue democrática, sino apoyó las nuevas elecciones bajo el nuevo régimen represivo y la elección de Porfirio Lobo.

Desde el golpe, la fuerza policial en Honduras se ha enfrentado a relatos de corrupción y de matanzas por escuadrones de muerte. Sin embargo, a pesar de estas y otras violaciones de los derechos humanos en años recientes, el Departamento de Estado de EE.UU. sigue dirigiendo millones de dólares a la nación a través de la Iniciativa Regional de Seguridad de América Central (Central American Regional Security Initiative, o CARSI). Entre los años 2008 y 2012, más de $50 millones pasaron del Departamento de Estado a Honduras. Y en 2016, un proyecto de apoyo a Centroamérica propone mandar $1 mil millones a la región, con un cierto porcentaje para Honduras. Una de las prioridades de CARSI es “construir la capacidad de la policía y el sector de la justicia para servir a los ciudadanos y abordar las amenazas regionales.” Por lo tanto, mucho de este apoyo monetario ha financiado y seguirá financiando la militarización de la policía – la misma policía acusada de varios problemas de derechos humanos. Si el resultado de la inversión estadounidense en la policía hondureña es corrupción y escuadrones de la muerte, Estados Unidos seriamente necesita reconsiderar su “apoyo.” Los Estados Unidos no pueden seguir subvencionando a la Honduras que criminaliza a los defensores de los derechos humanos y permite la impunidad de la policía y las fuerzas armadas.

Berta Caceres tuvo un papel significante en la autodeterminación de las comunidades hondureñas, y si los norteamericanos denunciamos su asesinato, también debemos acabar de promover la violencia estatal a través de las policías, algo que conduce a la inestabilidad y más abusos de los derechos humanos. Además, si los norteamericanos se inquietan por la gran inmigración de países centroamericanos como Honduras, deben considerar por qué tantas personas están huyendo de sus hogares, y cuestionar el apoyo estadounidense al golpe militar que condució a estas condiciones altamente peligrosas. Condenar las violaciones de derechos humanos en Honduras es inútil e hipócrita si lo hacemos sin condenar también – y cambiar – la política estadounidense que contribuye al clima que permite estas violaciones.

Inversión china en América Latina: el nuevo desarrollo?

Es ampliamente conocido que en los últimos años, China ha invertido sumas enormes en África. Lo que tal vez no es tan conocido es que la inversión china en la infrastructura y los proyectos de desarrollo latinoamericanos también ha crecido vertiginosamente en años recientes. Y en enero de 2015, el Presidente Xi Jinping de China prometió que China invertiría 250 mil millones de dólares en Latinoamérica en los próximos diez años. Sin embargo, esta inversión frecuentemente ha apoyado proyectos comerciales, tales como un ferrocarril transcontinental, un canal nicaragüense que cuesta $50 mil millones, y minas, represas, y otros proyectos.

Uno de estos proyectos es la mina de cobre Las Bambas, propiedad china, en Perú. Mientras yo leí el Los Angeles Times esta mañana, me sorprendió encontrar el artículo “Blood in Peru at a China-owned mine” (Sangre en Perú en una mina china), escrito por Jonathan Kaiman, que habla de la muerte de Beto Chuahuallyo, un peruano asesinado por la policía mientras protestaba contra la mina Las Bambas. De hecho, Kaiman dice que manifestantes y organizadores de trabajadores contra la extracción de recursos naturales y los proyectos de energía en Honduras, Ecuador, y otras partes del Perú han sido matados por la policía o desaparecidos en los últimos dos años.

Aunque estas muertes ya son suficientemente horribles, también hay un eco histórico inquietante en sus historias. Manifestantes latinoamericanos han perdido la vida luchando contra proyectos de desarrollo económico internacionales durante más de un siglo. En el incidente quizás más famoso, la masacre de las bananeras en Colombia en 1928, se ametrallaron a trabajadores colombianos en huelga para exigir mejores condiciones laborales en las plantaciones bananeras de la compañia norteamericana United Fruit Company. En realidad, desde la época colonial, poderes económicos extranjeros vienen a América Latina para extraer recursos – del oro y la plata al cobre y los nitratos a las frutas y el azúcar – con poco o nada de respeto para los deseos de los propios latinoamericanos.

Sin embargo, el Presidente Xi de China describe su plan para la inversión masiva en América Latina como cooperación Sur-Sur, o un programa de ayuda recíproca entre países en desarrollo, sin la involucración de países desarrollados. De por sí, el programa parece distinto de los programas anteriores de inversión de los Estados Unidos, por ejemplo – dos países en desarrollo deben ser aliados. Pero aunque la renta per cápita baja de China impide que el país se describe como un país desarrollado, China tiene la segunda más grande economía del mundo, después de los Estados Unidos. Y el modelo de inversión en la extracción de recursos – en el caso peruano, en la minería del cobre – parece hacer eco de los modelos anteriores de inversión en Latinamérica realizados por Europa y los EE.UU. ¿Es esta inversión realmente cooperación Sur-Sur, o es simplemente otra versión de la historia latinoamericana del colonialismo y el neocolonialismo, inversión directa que causa la dependencia? ¿Quién realmente se beneficia de la inversión china en Latinoamérica?

 

No solamente el modelo histórico de inversión es llamativo, sino también las palabras que usa Kaiman para describir el programa de desarrollo relacionado con la mina Las Bambas en “Blood in Peru.” Kaiman sostiene que la mina, que abrió en posesión suiza, “ha estimulated la economía local y ayudado a modernizar la región.” Además, describe Nueva Fuerabamba, un nuevo pueblito construido para las personas desplazadas por la mina, como “un modelo de progreso, con calles nuevamente pavimentadas, 441 casas robustas, una clínica de salud, agua corriente, y tres iglesias.” Este pueblo contrasta con Challhuahuacho, un pueblo “destartalado” en los alrededores de la mina. Challhuahuacho es donde la policía mató al manifestante Beto Chahuayllo durante una manifestación contra el proyecto de Las Bambas en septiembre de 2015.

Yo quiero examinar el lenguaje de progreso y modernización con el cual Kaiman describe Nueva Fuerabamba, especialmente a diferencia de Chuallhuahuacho. “Modernizar la región” y “modelo de progreso” son términos que se usan para describir asentamientos de la sociedad occidental en Latinoamérica desde al menos el siglo XIX. Fue durante este siglo que estos términos reemplazaron a descripciones anteriores de las misiones europeos de “civilizar” a la región – una de las justificaciones más importantes por la colonización. Sin embargo, la realidad es que estos asentamientos de “civilizar” y “modernizar” trajeron la esclavitud, mataron y oprimieron a la gente indígena, y impusieron valores extranjeros sobre comunidades ya existentes en todo el continente americano.

Dada esta historia, debemos tener cuidado con la retórica de la modernidad. Aunque una clínica de salud, agua corriente, y nuevas casas sean al beneficio de los nuevos residentes de Nueva Fuerabamba, ¿qué es lo que también se implica cuando se describe el nuevo pueblo con inversión china como “progreso,” y el viejo como “destartalado,” cuando los residentes del viejo pueblo son los que se mueren en protesta? ¿Los residentes de Nueva Fuerabamba tuvieron voz en su traslado? ¿Tienen el poder sobre su “modernización,” o son recipientes de un plan de fuera para su supuesto beneficio? ¿Se ofreció un traslado a los residentes de Challhuahuacho, y lo hubieran querido? ¿A quién realmente se benefica el traslado – los pocos peruanos a los cuales se ofrecen nuevas casas (mientras a muchos más no se ofrecen casas, pero siempre tienen que aceptar a la mina), o los inversores chinas que ganan dinero de la extracción del cobre? A pesar de que Kaiman reconozca que la mina haya “traído poco beneficio a muchos otros que viven cerca,” – por ejemplo, Beto Chahuayllo, el manifestante asesinado – al mismo tiempo dice que el pueblo construido por inversión china es un “modelo de progreso.” ¿El progreso, pero con cuyas condiciones? La percepción de los latinamericanos como subdesarrollados, al revés, o estancados en el pasado persiste de la colonización hasta hoy, pero tenemos que cuestionar esta percepción antes de repetirla.

La inversión china en América Latina se aparta de la inversión anterior de una manera importante: China no es el occidente. Esta nueva inversión viene de Ásia, no de Europa ni de Norteamérica. Entonces, posibilita la cooperación Sur-Sur y un tipo de desarrollo diferente en América Latina, quizás un desarrollo que realmente benefica a los latinoamericanos mismos. Sin embargo, la inversión china en el Perú y en otros países latinoamericanos parece seguir modelos anteriores de la extracción de recursos para el bien del invertidor y en detrimento a los países de Latinoamérica. Y no sólo la estructura de la inversión repite el pasado, sino hasta la retórica de progreso con la cual se describe estos proyectos nos recuerda a procesos anteriores de inversión extranjera en la región. Cuestionámonos esta retórica reciclada y este plan reciclado de desarrollo impuesto por fuera. ¿Realmente puede la inversión extranjera mejorar las condiciones en América Latina? ¿Puede la inversión china deja atrás el programa de inversión que solamente benefica a China pero no al pueblo latinoamericano? Quizás el pueblo latinoamericano tienen que encontrar una manera de librarse de sus investidores neo-imperialistas y crear el cambio que necesita desde adentro.

Las drogas, las armas, y la subcontratación de violencia a América Latina

Un editorial del Los Angeles Times escrito por Iain Overton, experto en la cultura de las armas en los Estados Unidos (leer aquí en inglés) habla de los efectos internacionales más ignorados de la política estadounidense sobre las armas. Como ya saben muchos mexicanos y centroamericanos, la política interior de los Estados Unidos frecuentemente tiene un gran efecto sobre sus países vecinos, quizás más obviamente en la guerra contra las drogas y la política migratoria. Dice Overton:

Más insidioso, sin embargo, es la manera de la cuál la industria lícita de armas en los Estados Unidos afecta al mercado ílicito de armas en América Latina. La facilidad con la cuál se puede comprar armas en los EE.UU., y el hecho de que muchas ventas se pueden conducir sin revisión de antecedentes penales, tienen consecuencias profundas. La mayoría de las armas encontradas en México y Centroamérica son de los Estados Unidos. Se estima que mas de 250,000 armas entran a México – un país con un solo vendedor oficial de armas – cada año. Se cree que aproximadamente 45% de los concesionarios de armas de fuego de los EE.UU. dependen del comercio mexicano para su sobrevivencia. Más al norte, Canadá estima que un 50% de las armas ocupadas para el crimen en Ottawa fueron traficados por la frontera.

En 2014, El Salvador tuvo casi 4,000 asesinatos, o aproximadamente 62 homicidios por cada 100,000 (en los Estados Unidos, el índice es alrededor de 4 por 100,000). La mayoría de estos asesinatos fue cometido con armas – y aproximadamente 50% de las armas encontrados en El Salvador ese año vinieron de los Estados Unidos. La revocación de la Prohibición Federal de Armas de Asalto (Federal Assault Weapons Ban) en los Estados Unidos en 2004 resultó en más de 2,600 homicidios adicionales en México.

Estas estadísticas dejan claro que la política interior de armas, la cuál facilita que los estadounidenses compren armas de fuego, no solamente es peligrosa dentro de los Estados Unidos, sino también posibilita la violencia fuera del país. En los EE.UU., los políticos conservadores que apoyan al derecho a poseer armas son los primeros en menospreciar a los inmigrantes, y a los mexicanos y centroamericanos en general, como criminales violentos. Pero curiosamente, ignoran el hecho de que las mismas armas que se venden facilmente en los Estados Unidos son las que cruzan la frontera y sirven para aumentar la violencia en México y Centroamérica. Mientras el programa del candidato presidencial Donald Trump increíblemente acusa al gobierno mexicano de “aprovecharse de los Estados Unidos y usar la inmigración ilegal para exportar el crimen y la pobreza de su propio país,” parece que la exportación de las armas norteamericanas en realidad aumenta la violencia en México, y no al réves.

Las armas estadounidenses no solo facilitan la violencia en Centroamérica, sino también se ha demostrado extensamente que tanto la política estadounidense de drogas – la “guerra contra las drogas” – como las políticas norteamericanas de libre comercio – por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TCLAN, o NAFTA en inglés) – han contribuido enormamente a los carteles y la violencia relacionada con las drogas en México y Centroamérica. Como describen Carmen Boullousa y Mike Wallace en su libro, A Narco History: How the United States and Mexico Jointly Created the “Mexican Drug War,” la prohibición de las drogas y la política fronteriza de los Estados Unidos se han combinado para intensificar la violencia relacionada con las drogas en México. Al mismo tiempo que los Estados Unidos envían armas hacia el sur para México, con leyes permisivas de armas que permiten que cualquiera pueda comprar un arma en este país, los políticos conservadores aprovechan de la violencia relacionada con las drogas en México no solo para criminalizar a los mexicanos y los inmigrantes como “criminales y traficantes,” sino también para justificar el relajamiento de las restricciones de armas, para proteger a norteamericanos de tales “criminales.”

¿Qué pasa aquí? Los verdaderos ganadores son los productores de armas, quienes hacen dinero con la venta de armas. Lo mejor para ellos es promover la violencia de las drogas y la retórica del miedo para que sus ventas siguen aumentando, y lo peor para ellos es despenalizar las drogas o crear una política fronteriza menos violenta, una política que no depende de la violencia para supuestamente disuadir a migrantes de cruzar la frontera. Migrantes que, en muchos casos, cruzan la frontera para escapar de violencia relacionada con las drogas en sus países de origen.

La política estadounidense de las drogas subcontrata la violencia a México y Centroamérica mientras penaliza a los mismos migrantes que sufren más de tal política. Los defensores del derecho a poseer armas ignoran las maneras de las cuales las armas de fuego aumentan la violencia no solamente en los Estados Unidos, sino en países vecinos también. Ya es hora que los norteamericas entiendan cómo nuestra política interior afecta a nuestros vecinos, y de crear una política que realmente beneficia a la gente al norte y al sur de la frontera. Por una parte, se puede contener el acceso a las armas, para el beneficio de todos. Por otra parte, se puede acabar de criminalizar a los migrantes, cuando la violencia de que están huyendo en sus países de origen se vincula tan inextricablemente de la política estadounidense. El artículo de Iain Overton nos recuerda que la política supuestamente “interior” frecuentemente tiene un efecto internacional. Problemas como la violencia relacionada con las drogas no son problemas propias de Latinoamérica que los norteamericanos debemos simplemente evitar y desdeñar. Más bien, son crisis con raíces internacionales provocados en gran parte por los Estados Unidos. Por lo tanto, los Estados Unidos también tiene la responsabilidad de ayudar a resolver estos problemas, empezando con cambios de nuestra política interior para que no subcontratemos nuestra violencia y nuestros desacuerdos políticos a otros países para resolverse con ametralladoras en el territorio de nuestros vecinos del sur.